martes, 21 de febrero de 2012

Al mal tiempo, buena cara

Resulta agradable que te pongan buena cara, sobre todo en estos tiempos tan tristes y grises. Por eso, cuando uno se encuentra rostros simpáticos debe hacerse eco de ellos, aunque esos rostros sean pintados y tengan la cara muy dura. Estos los veo a menudo en el Barrio de la Concepción y hasta los saludo cuando paso y les correspondo con otra sonrisa.



miércoles, 15 de febrero de 2012

Imágenes inquietantes

En cualquier ciudad hay cosas, lugares, gentes, animales, imágenes inquietantes. Y Cartagena no iba a ser menos, claro.

Esta que reproduzco aquí la veo casi a diario y no termino de acostumbrarme, siempre me produce, al menos, eso, inquietud... ¿qué pinta ahí arriba esa estatua? ¿para que éstá? ¿es por una cuestión "estética" (¡¡!!)? ¿es un monumento al frikismo? ¿existen todavía las promesas? ¿es que no cabía en algún almacén o guadamuebles? ¿la pintaron y la sacaron para que se oreara y luego se olvidaron de recogerla?

Lo más acertado sería llamar a la puerta de la casa y preguntarlo. Quizás lo haga algún día. O mejor no, por si acaso. ¡Mira que si el tío blanco oye el timbre y baja a abrirme...!



lunes, 6 de febrero de 2012

El rey ha muerto... ¡Viva el rey!


Nunca supo dar la pata. En realidad ni supo ni quiso, le molestaba mucho que se las tocaran y era casi el único motivo por el que enseñaba los dientes, aunque había algún otro; también se los enseñaba a las moscas pegajosas de verano que le molestaban, en su creencia ingenua de que así las asustaría y le dejarían tranquilo. Era inteligente, muy inteligente, el más inteligente de los que he tenido y tengo y era tierno y cariñoso.





Tenía un corazón muy grande, capaz de querer a todos los miembros de la familia, cercana o lejana, a los vecinos, especialmente a los niños, a los que buscaba para que le acariciaran. Quería a los que venían por casa con una mínima regularidad, fuesen el peluquero, el frutero, la limpiadora o quien fuese, y se encargaba de mostrarle su cariño todas las veces que viniera.
Quería estar con todos a la vez y, cuando no era posible, buscaba un punto equidistante, que podía ser en mitad del pasillo, para estar a la misma distancia de la cocina que del despacho, por ejemplo. Al estar escribiendo esto echo de menos el bulto de su cuerpo recostado a mis pies.




No le gustaban los conflictos ni las peleas, le gustaba llevarse bien con todo el mundo salvo con otros perros si estos eran negros y grandes. Se ha ido en plena ola de frío, quizás ha aprovechado para hacerlo porque detestaba el calor tanto como yo; a lo mejor porque los dos nacimos en plena calorina veraniega. En su caso, la aversión al calor podría estar incluso más justificada porque un hijo de perra de dos patas lo metió a él y a sus hermanos, hijos de perra también, pero de cuatro, recién nacidos y con el cordón umbilical aún unido, en una bolsa y los colgó en una verja, al sol… ¡un tres de Julio!  Eso, por estas latitudes, es una sentencia de muerte casi instantánea pero una buena samaritana los recogió a tiempo a él y a sus hermanos y se salvaron todos.


Se llamaba Arturo, pero es que no podía llamarse de otro modo. Cuando aún no lo conocíamos pero íbamos a ir a por él, con solo dos días de existencia que tenía entonces, en casa deliberamos el nombre a ponerle y no hubo consenso, por lo que procedimos al democrático sistema de meter todos los nombres en una bolsa y elegir un papelito al azar. Mi elección que, a la postre fue la que salió, fue Arturo porque, en aquel momento, el libro que estaba leyendo era uno más de la leyenda artúrica y el reino de Camelot. Cuando fuimos a recogerlo, la amiga que lo había salvado y que lo tenía en su casa, ya le había puesto nombre por su cuenta, pero no fue problema porque, sin saber nada, ¡había decidido llamarle Arturo!



Era un cachorro que cabía en una mano. El veterinario no supo decirnos de qué raza era y es que en España estos perros son muy raros de ver, tan raros que no he visto ninguno salvo él y sus hermanos, aunque son muy populares en otros países, sobre todo los de la órbita británica.
Cuando creció y se desarrolló supimos que era un Welsh Corgi, es decir un corgi galés, y la palabra corgi en gaélico significa “perro enano” porque, aunque fuertes, tienen las patas muy cortas. Supimos también entonces que era un perro de pastor pero, sobre todo, que es el perro oficial de la familia real británica, donde tienen gran cantidad de corgis y que se fotografían con la reina en su cumpleaños.



Fue entonces cuando nos convencimos en casa de que siendo el perro de los reyes de Inglaterra, el nombre de Arturo estaba predestinado para él.


Ha reinado en casa durante 14 años y ahora toca aprender a vivir sin él y con sus recuerdos. Y no va a ser fácil. Son muchos los perros que ha habido y hay en mi vida, unos propios, otros no propios pero muy cercanos y otros un poco menos cercanos. Diana, Por Favor, Quirón, otro Por Favor, Nacho, Yanqui, Comotú, Bartolo, Pumuki, Lúa, Barnie, Patxi, Rolfo, Baloo, Nelson, Harry… La mayoría ha desaparecido ya y todavía quedan algunos. Pero no he conocido ninguno como Arturo.

Arturo ha muerto. Viva el rey. 

miércoles, 1 de febrero de 2012

Tentegorra, el exilio de las mascotas

Vivo en Tentegorra desde hace muchos años, un lugar estupendo a mi entender; árboles, aire limpio, paz, zona de ocio y deporte... pero, claro, cada moneda tiene su cara y su cruz. Una de esas cruces es el que sea para algunos el terreno idóneo para el abandono de mascotas

Parece que hay algunos cartageneros que, cuando se cansan del juguetito de cuatro patas que tienen en casa deciden que en Tentegorra estará bien, que alguien lo recogerá, que hay mucho verde, muchos chalés o qué sé yo lo que pasará por esas mentes, si es que pasa algo además de corrientes de aire.

Casi todos los animales que tengo han sido recogidos allí, y otros muchos los he acogido temporalmente hasta que les hemos encontrado entre mi familia y yo otro hogar estable y definitivo. Pero nunca es suficiente. Por mucha gente que dedique esfuerzos a darles alimento y cobijo parece que son más numerosos los desalmados que los dejan tirados y huyen como lo que son, como unos jodidos cobardes. Estoy harto de ver animales solos, desamparados, tristes, hambrientos, aterrorizados, vagar por Tentegorra.

Es un problema generalizado en España, ya lo sé, pero quizás por sus características el porcentaje de mascotas abandonadas es más elevado en donde vivo y es una crimen que veo un día sí y otro también.

Por si alguien no lo sabe, viene una ola de frío polar. Esas noches frías de invierno son las que han hecho que alguna vez en mi casa haya algún invitado extra, al menos hasta que pase lo peor, porque no hay sitio para tantos.

Me ha llegado este cartel con el mensaje que hago mío y me sumo a la petición: no lo dejes morir así.


domingo, 29 de enero de 2012

Lo que no pué ser...

Lo que no pué ser, no pué ser y además es imposible, dijo El Guerra (Rafael Guerra, "Guerrita", el torero), y eso es lo que me pasa.

Tenía la intención de reeditar mi "Carta a Ginés" de hace años pero el tiempo se impone y, como no dispongo de él, tengo que renunciar por ahora a ese proyecto y limitarme a hacer entradas normales, dedicadas a Cartagena, eso sí, pero sin los dibujos, salvo cuando pueda.

Por eso el blog se llama otra vez Cartagena de Levante. Y mientras que me deslío un poco, les dejo con la publicidad. Pero una publicidad especial, porque no se ve ya por ahí: la de la Cerveza El Azor.


Volveré después de la publicidad...